MAL expone una incómoda verdad: En conflicto, los adultos con poder, más despiadados o radicales, se comportan como niños. Las motivaciones de las guerras se pueden observar a edades tempranas: envidia, miedo, ira, frustración... Las pequeñas sociedades del patio de juegos ponen en práctica el modo en el que se van a relacionar con el mundo, al tiempo que responden a impulsos más primarios que tendrán que aprender a inhibir para convivir según los sistemas que hemos creado. Pero, ¿también en los autocráticos? ¿Gestionamos lo que reprimimos? Tan didáctica y cotidiana evaluación moral nos moldea y genera expectativas dándonos ingredientes que mueven conflictos a escala mundial... y en ecosistemas infantiles. Las creencias toman decisiones por nosotros, nos protegen de las consecuencias y nos eximen de responsabilidad; los roles y bandos pueden cambiar en cualquier momento. ¿Será ese el origen del MAL? ¿Cómo de lejos estamos hoy de nuevas autocracias?